La Humildad de Ganar en Silencio

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Por Nohemí Hernández

El 21 de junio vivimos uno de los finales más impresionantes de lo que va en la temporada 11 de la Fórmula E.

Una carrera donde las características de la pista en Yakarta no permiten el número de adelantamientos que vemos en otros trazados, pero la hace una de las más complejas y llenas de estrategia.

Y aunque sabemos que en la Fórmula E nada está dicho hasta la última curva, nos vimos sorprendidos por un piloto que no habíamos tomado en cuenta en toda la competencia, ya que los ojos estaban puestos en la lucha de Jake Dennis y Nyck de Vries por el liderato y el triunfo de la fecha 12.

Este joven británico de 26 años de edad, a quien muchos han etiquetado como “el chico malo”, por su antigua forma de conducir, este fin de semana nos ha enseñado una de las lecciones más bonitas de la vida: la humildad de ganar en silencio.

Me refiero a Daniel Ticktum, piloto del equipo Cupra Kiro.

Durante años, fue motivo de críticas y memes, de decisiones cuestionadas y sanciones. No considerado el piloto que se admira, sino el que se tolera; al que se ponía de ejemplo para señalar lo incorrecto. Una persona que mucho tiempo se disculpó por algo que ya no era ni parte de su presente.

Pero toda esa carga lo ha hecho trabajar más duro que el resto, y no por demostrarle a otros quién es Dan Ticktum ahora, sino por demostrarse a sí mismo la altura que ha alcanzado.

Y fue ahí, en medio del caos que se provocaba en la vuelta 31 de la carrera, que llegó su momento. Su victoria no fue escandalosa. No fue un grito. Fue un respiro profundo tras años de contener la respiración, cuando en la vuelta 32 vio la pista vacía delante de él, liderando esas últimas 5 vueltas para llevarse el hermoso trofeo del número uno a casa, por primera vez en la categoría.

Su sonrisa lo decía todo, la mirada de satisfacción no necesitaba más palabras, y en ese podio, escuchando “God Save the King”, compartía la delicia del triunfo al lado de Alex Hui, Team principal del equipo.

No imagino todo lo que pasaba por su mente en el momento en que vació esa botella sobre su cabeza para celebrar, pero tal vez, si eres una persona que ha pasado por una situación similar, donde un tropiezo te colocó una etiqueta que has cargado todo este tiempo, puede que tu momento esté por llegar.

Hoy, su victoria sirve como recordatorio de que incluso los “funados” pueden reescribirse y restituir su historia. Porque ganar, cuando nadie lo espera, es el acto más puro de justicia.

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